domingo, 4 de septiembre de 2016

Entre la vida y la muerte.


Fue hace tantos años ya. Creí que podía ser más poderoso que la muerte misma, creí que podía arrancar de sus frías y descarnadas manos a mis amados fieles, a todos aquellos infelices que sucumbieron ante el cruento ataque de la peste. Me encaminé en compañía de mis caballeros a las tierras atacadas, esperando tener la bendición de los dioses, y llegar a tiempo para frenar el ávido deseo de aquella monstruosa criatura. No podía dejar a mi pueblo perecer, pero no había mucho que yo pudiera hacer.
Aún así, decidí recorrer los caminos, en busca de aquellos que hubiesen logrado escapar del terrible beso que arranca los espíritus del cuerpo y los lleva a un destino que ahora con toda el alma deseo conocer. Corrí a lomos de mi corcel tan rápido como pude, pero no creo que si quiera el poderoso Hermes hubiese podido llegar más pronto que yo. Todo fue en vano. Derrotado por un enemigo que dejaba las marcas del sufrimiento en la piel de mi pueblo, pero que jamás nos dio la cara, regresé a casa, esperando encontrar allí, en los cálidos ojos de la mujer que amaba, el consuelo que no pude encontrar en los dioses.
El camino fue largo, pero cuando por fin vi mi morada, sentí mi cuerpo llenarse de energía, ella estaba ahí, esperando mi regreso. Casi podía verla, casi podía sentirla, casi podía tocarla; y entonces, cuando veía su mano acercarse a la mía, unos helados brazos rodearon mi cuerpo, un suspiró salió incontrolado del fondo de mi alma y, antes de que la más negra oscuridad cayera sobre mí, escuché su clara voz decir:
―Querías llevarte lo que es mío, ahora yo me llevo lo único que es tuyo.
No supe más de mí. Era como si mi vida hubiera sido arrancada de un sólo tirón de mi cuerpo. ¿Así se sentiría estar muerto? Y si ese era el caso, ¿dónde estaba la gente que me esperaba en el más allá? ¿Dónde estaba aquella luz brillante que guiaría mis pasos a lo largo de ese nuevo camino? Y sobre todo, ¿aquella infeliz que me había arrancado la vida no vendría a presentar su horrible rostro ante mí?
No sentía nada. Si esa era la muerte, que aburrida era y que significado cobraba entonces la tan socorrida frase "que trágico es morir".
―¿Dónde estás? –grité entonces con un alarido mudo–. Déjame verte, explícame ¿qué quieres de mí?  
El silencio se mantuvo, pero en mi mente escuché claramente el susurro aterrador de su voz.
―Estás donde debías estar. Creíste que podías vencerme, pero el vencido eres tú, ahora me perteneces.
―¿Estoy muerto?
―Aún no, pero pronto lo estarás. Pocos son los que se atreven a contradecir mis designios, pocos tienen tu valor. Serás un excelente compañero. Estarás atado a mí por el resto de los tiempos.
―¡Yo no compartiré nada contigo!
―Eso es algo que no puedes decidir tú, ahora adiós. O quizás deba decir: hasta siempre.
¿Cómo podía yo vivir una eternidad así? Si moría, debía al menos tener la esperanza de hacerlo y poder esperarla a ella, para estrecharla en mis brazos en el mundo de los muertos y amarla como no había podido hacerlo en vida por mi necedad. No podía dejar que todo fuera como lo era en ese momento, desesperanza, frío y soledad.
Nunca más mis manos podrían sentir el roce cálido que sentía en ese instante, ¿en ese instante? ¡Sí! La podía sentir, mis manos estaban rodeadas por las suyas, inundando de calidez mi cuerpo. El roce de su piel sobre la mía llevaba el calor de vida directo a mi pecho y su voz, porque ahora escuchaba su voz, le pedía a mi alma que luchara por mantenerse viva, por no dejarse vencer.
―Regresa, regresa a mí –sollozaba.
Sus lágrimas bañaban mi pecho, sus manos estrujaban fuertemente las mías.
―Regresa, regresa a mí –imploraba.
Entonces mi alma rompió en un llanto que no podía salir de mis ojos. Mi corazón sufrió lo indecible por la pérdida más terrible, no lloraba por mi muerte, lloraba por el sufrimiento que mi partida producía en mi bien amada.
―¡Oh muerte maldita! –grité con furia–. Cruel y despiadada criatura, me has quitado lo único que es mío has dicho, pero lo hiciste sin siquiera saberlo. Pensaste que apresándome podías tomar mi vida, pero dime ¿qué es mi vida sin aquella a la que más anhelo? Tendrás mi vida y nada podré hacer para evitarlo, pero aquello que es sólo mío eso, aunque creas, jamás podrás tenerlo, porque eso ya le pertenece a alguien más. Ahora arráncame de una vez por todas de este sufrimiento; si he de vagar a tu lado por la eternidad, que la eternidad llegué a mí lo antes posible, porque si no lo hace, aquel valor que tanto veneras se verá destruido por las lágrimas que ahora lloro, por el dolor que siento al partir dejando sola a la única dueña de mi alma. Ven a mí, oh muerte maldita, acaba ahora con tu trabajo, no pondré resistencia.
―Es tiempo entonces –susurró a mi oído y cuando intentó cubrir mis labios con su frío beso, algo pasó.
―Regresa, regresa a mí. Por favor, regresa, regresa a mí.
―Tómame ahora, te lo imploro –sollocé.
―No puedo. Tu vida no es mía, tu alma tampoco. Regresa a ella, y espera mi visita. Volveré en algún momento y esta vez sí nada ni nadie podrá detenerlo.
Entonces abrí los ojos y me encontré con el profundo mirar de mi señora. Ella salvó mi vida y, durante toda su existencia, la barrera que sus ruegos pusieron en mi lecho de muerte, impidieron a mi terrible enemiga finalizar su batalla. Pero yo no pude hacer por ella, lo que mi adorada compañera hizo por mí. La cruel muerte encontró la forma de derrotarme llevándosela a ella de mi lado. Encontró la manera de arrancarme la vida y el alma con un solo movimiento. Y entonces me ganó de nuevo la batalla.
Hace ya más de doscientos años de aquello. Lo único que deseo ahora es poder morir, pero esa cruel guerrera me niega su guía, debo ser un ente errante: mitad hombre, mitad muerto; y vivir por el resto de la eternidad, en este espacio terrible, indefinido e intransitable; entre la vida y la muerte.


viernes, 5 de agosto de 2016

Review: Harry Potter and the Cursed Child


Sí, Harry Potter and the Cursed Child está disponible y a la venta (al menos en inglés) y aquí su servilleta como toda buena potterhead (que no sabía cuando lo estrenaban en español) corrió el día del estreno y se fue a comprarlo y leerlo y disfrutarlo y ahora les traigo una pequeña reseña, en la que intentaré no poner spoilers. So, a lo que te truje chencha. 



DATOS DEL LIBRO: 
Título: Harry Potter and the Cursed Child, parts one and two (Special rehersal edition)
Autor: Jack Thorne & John Tiffany
Casa Editorial: Scholastic, Inc. 
Fecha de publicación: 31 de Julio de 2016
Páginas: 320
Edición de pasta dura aquí costo: $399.00 (pesos mexicanos)
Edición kinddle aquí costo: $249.00 (pesos mexicanos)


Bien, primero que nada y supongo que si leyeron la descripción del libro en algún lado, sabrán ya que esta historia, que es considerada la octava parte de la saga de "El niño que sobrevivió", es en realidad una obra de teatro que se estrenó el día 30 de Julio del 2016 en el Palace Theater de Londres y, como se preveía, los boletos se agotaron algunos minutos después de ser puestos a la venta. 


Lo que estamos leyendo es el guión original de la obra, que no fue escrito por J. K. Rowling sino por Jack Thorne (un reconocido guionista inglés de teatro y televisión). La historia fue originalmente idea de Rowling pero ella le cedió la pluma (¿captaron?... pluma) a Thorne y John Tiffany (director de teatro) y se encargó de supervisar que las cosas quedaran más o menos con su estilo y a su gusto; aun así es bien claro que no fue nuestra querida J.K. quién lo escribió, pero es una nueva historia de Harry, Ron y Hermione; y sí Snape y yo aprobamos la idea. 

La descripción del libro dice además: 


"Siempre fue difícil ser Harry Potter y las cosas no se han vuelto más sencillas ahora que él es un empleado del Ministerio de Magia lleno de trabajo, esposo y padre de tres hijos en edad escolar.
Mientras Harry lidia con un pasado que se niega a quedarse en su lugar, Albus, su hijo más pequeño debe luchar con el legado de su familia. Cuando pasado y presente colisionan, padre e hijo deberán aprender una verdad incómoda: en ocasiones, la oscuridad proviene de los lugares más inesperados". 

Sí mi querido Dumbly-Dumbly-Dumbledore, yo también me puse a fangirlear a lo bestia. Y es que, después de nueve años (¡madre! me sentí vieja) desde la publicación de Las Reliquias de la Muerte, y uno desde la última vez que releí los siete libros, el cuerpo entra en abstinencia y ver las películas no siempre ayuda. 

The cursed child, que será traducido en español como "El legado maldito", nos lleva de nuevo al Wizarding World, al mismo momento en el que nos dejó el epílogo de Las Reliquias, diecinueve años después de la batalla de Hogwarts cuando Harry y Ginny van a dejar a sus hijos al anden 19 3/4 para que Albus Severus (pobre-criatura-tu-nombre-te-autoriza-traumas) Potter comience su primer año en la escuela de magia que jamás me mandó mi carta de aceptación (Gandalf aún te espero pa' mis 40). 

Entonces vemos a nuestros más queridos personajes, Harry, Ron, Hermione..., y Draco, acompañando a sus niños para que vayan a educarse y hacer magia. Y leemos también la bella conversación entre Harry y Al, en la que nuestro héroe le confiesa a su hijo que el Sombrero Seleccionador siempre toma en cuenta la elección del niño para colocarlo en una casa, y que él se sentiría igualmente orgulloso si su hijo fuera un Slytherin porque uno de los hombres a los que más admira, Severus Snape, fue un Slytherin. 

Una de las primeras sorpresas que nos llevamos es que Albus y Scorpius (el hijo de Draco) se vuelven amigo, excelentes amigos, los mejores (aunque Rose, la hija de Ron y Hermione no esté de acuerdo). Y otra de las grandes llega después de que el Sombrero dice "ahora úsame y descubrirás a que casa pertenecerás". 

El pobre Albus es algo así como la ovejita negra de la familia, poco brillante, problemático y popular por todas las razones equivocadas; y Scorpius (me permiten decirles que adoré a Scorpius), a diferencia de su padre es brillante y tiene también un tipo de popularidad que no le agrada en absoluto. 

Ok, lo pensé mejor y no puedo escribir sin spoilers así que de aquí en adelante vendrán. Entonces, SPOILER ALERT!!! 

Supongo que ya todos lo dedujeron, sí Albus Severus es enviado a la casa de Slytherin y obviamente, siendo un Potter esa selección da muchísimo de que hablar porque: "OMG! ¿Cómo puede un Potter no ser un Gryffindor?" y al pobre niño eso lo atormenta. Es por eso que su mejor amigo es Scorpius Malfoy, otro inadaptado que carga los rumores de su nacimiento, la gente cree que es hijo del señor oscuro. Entonces dos inadaptados y rechazados sociales se vuelven amigos. Las cosas se ponen interesantes cuando Amos Diggory llega a la casa de los Potter pidiendo que le permitan utilizar un giratiempo para regresar al pasado y salvar la vida de su hijo Cedric (el guapo, no el vampiro brillosito), y Al lo escucha todo y conoce a Delphi, la sobrina de Amos que se vuelve su amiga y propone robar un giratiempo. 

Las aventuras comienzan, los chicos consiguen un aparato que les permite regresar años en el tiempo y comienzan un baile entre pasado y presente en el que se dan cuenta de que cualquier cambio que hagan en la historia tendrá fuertes consecuencias en sus vidas actuales, el más recurrente: Ron y Hermione no se casan, ni tienen hijos, pero secretamente se adoran con el corazón (me los como). Así, Albus y Scorpius regresan al torneo de los tres magos para intentar evitar que Cedric llegué al traslados junto con Harry y así sobreviva, pero las cosas no salen como querían, al grado de hacer que en uno de los viajes de vuelta consiguen que uno de los dos no nazca, por ello deben regresar a corregir sus errores. 

En uno de estos viajes leí una de las más entrañables conversaciones con Snape y lo adoré aún más. 

Algo que me gustó mucho, además de este constante brincoteo en el tiempo, fue la forma en la que Harry y Draco adultos encuentran un punto en común que los hace mostrarle al otro que en realidad no son tan diferentes entre ellos y que de no haber sido por los prejuicios que tuvieron cuando eran niños pudieron incluso llegar a ser buenos amigos, y solucionar esto: "es excepcionalmente solitario ser Draco Malfoy". 

La relación rota entre padres e hijos es también interesante, en un par de ocasiones quise entrar al libro y darle un par de sapes a Harry por ser tan bruto y a Al por malcriado. 

La sorpresa más grande se siente desde el inicio, cuando aparece Delphi, pero esa no se las voy a contar y voy a dejar que la disfruten cuando la lean, porque vale la pena.  

SPOILER ALERT OUT!!!

Esta historia, que es cortita, en formato teatral y super fácil de leer, no tiene la calidad de las siete anteriores, es menos profunda, menos oscura y tiene un sabor a FanFiction muy paladeable, pero es buena, es divertida y es una genial opción para alejarnos un poco del mundo Muggle y volver a soñar con la posibilidad de tener magia en nuestro interior (que me permitiría lanzar un Sectumsempra a una que otra persona), hacer hechizos, pociones y simple y sencillamente entrar aun mundo fantástico que nos ayudó a crecer aferrándonos a la idea de que aunque el mal y la oscuridad nos rodeen, la familia, los amigos y nuestro hogar siempre nos ayudarán a sanar nuestras almas y ser felices. 

Así que ya, fin. 

Y a Harry Potter and the Cursed Child le doy: 


Pero por llevarme de nuevo al Wizarding World, le concedo un Hedwig de oro (le daría un calcetín viejo pero no quiero que sea un Elfo libre): 



y ya, adiós. 




P.S. El estreno en español de Harry Potter y el Legado Maldito, está programado para el mes de Septiembre y correrá a cargo de Editorial Salamandra ;)

martes, 1 de diciembre de 2015

Experiencia Cubana en Italia.

Hace algunos meses, un tipo que al inicio me pareció muy interesante pero que resultó ser un poco particular (por no decir “un po’ stronzo”) me mencionó un tema de esos esotéricos que primero te hacen reír y soltar varios “ay sí ajá”, y después dices “¿pus que tanto daño puede hacer?”.

El tema, del que no recuerdo siquiera el nombre, en síntesis decía que el universo, la vida, Dios, o quien quiera que esté allá arriba (o allá abajo, o aquí al lado, o dónde sea) cuidando de ti, generalmente pregunta: “¿qué es lo que quieres que haga por ti?”, y nosotros siendo tan brillantes como somos pocas veces sabemos contestar, principalmente porque estamos distraídos y dejamos que el momento pase, o porque simple y sencillamente no sabemos bien a bien qué es lo que queremos o qué nos hace falta.

Entonces, para estar mejor preparados, el tipo que exponía el tema, sugería hacer una lista de (si mal no recuerdo) cien cosas que quieres, para que cuando la vida pase cerca de ti y comience a preguntar “¿qué es…?”, tú ya tengas la respuesta lista. El monito este decía: “pide, pide tanto como puedas. Pide cosas locas, pide cosas que de verdad necesites, no te canses de pedir, porque la vida está completamente dispuesta a conceder tus más profundos deseos. Pero ten cuidado al estructurar las frases, mete siempre el “yo quiero” y sé muy claro, porque la vida también puede ser un poco ojete e interpretar las cosas a como se le dé su regalada gana. Haz frases cortas que se puedan decir con una sola exhalación y sigue pidiendo”.

Tons, yo, siendo tan buena niña agarré un diario que tengo en el que escribo cada vez que se muere un Papa y entre una idea y otra, comencé a pedir; y después de unos cuantos meses mis pedidos (que son solo como cuarenta porque es bien complicado eso de saber qué carajos quieres), llámenlo coincidencia o casualidad o predisposición, han comenzado a concretizarse. Algunos de mis deseos más locos (eso es lo más genial de todo) han empezado a suceder, de forma inesperada y sorprendente.

Recuerdo que hace algunos años algo similar me sucedió. Encontré un trabajo de esos de oficina que te roban el alma, y todos los días el pensamiento más recurrente que me venía a la mente era: “quiero un trabajo que me permita viajar a lugares interesantes y geniales”, entonces la vida me dio lo que le había pedido (a su modo). Cambié de trabajo, comencé a supervisar obra, y un día me encontré disfrutando de un delicioso café de olla en un pintoresco pueblito chiapaneco perdido en un cerro (allá por casa de la chingada) y díjeme: “¡bueno está por andar pidiendo viajes!”.

Aún así, aquella loca idea se ha mantenido en mi cerebro: encontrar un trabajo que me permita viajar y descubrir nuevos lugares, nuevas culturas, nuevas cosas que me sorprendan y me hagan emocionar hasta las lágrimas…, ese ha sido mi sueño dorado por muchos años. Y aparentemente en estos meses tuve la posibilidad de estructurar mejor mi pedido.

Una de las cosas que más satisfacción me ha dado durante mi estancia en Italia, fue ser contactada por una importante institución italiana para ayudarles a traducir del italiano al español, para un grupo de restauradores cubanos que venían a hacer unos cursos de capacitación de este lado del charco.

Al inicio me dijeron que serían dos semanas, luego tres, y así hasta que llegamos a cinco; serían tres grupos distintos y yo los acompañaría y traduciría para ellos en las visitas que hicieran. El programa me pareció interesante, los morlacos nada despreciables, y además de uno que otro desacuerdo con la gente de mi escuela (justo es recordar que soy estudiante de nuevo), todo se pudo acomodar de forma bastante sencilla.

Así que nada, un lunes 26 de octubre de 2015 tempranito por la mañana tomé un tren para estar en Roma a las 9:00 am en las oficinas del Instituto Italo-Latinoamericano y comenzar con el programa formativo que tres grupos de cubanos (especialistas en restauración de distintos materiales) harían en varios puntos de Italia.

Mi impresión inicial fue buena, y fue mejorando conforme avanzaban las horas, poco a poco las sonrisas y el buen humor cubano me fueron contagiando y aunque hubieron momentos en los que el cansancio me ganó, la experiencia fue, citando a uno de mis muchachos: “en dos palabras: im-presionante (o en cubano “de pinga”)”.

En roma entramos a algunos de los laboratorios de restauración más selectos, como los del Instituto para la Conservación y el Restauro (ISCR) y los Laboratorios de los Museos Vaticanos; tuvimos (y digo tuvimos, porque siendo restauradora yo también intervenía) charlas con personajes sumamente importantes en el ámbito, y nos dejaron entrar a lugares que están completamente cerrados al público, como la Domus Aurea y la Transitoria (en el Foro Palatino) o la Iglesia de Santa Maria Sottoterra, y nos llevaron a ver las bellezas que están exhibidas en la Galería Borghese (con sus Berninis y sus Caravaggios). El David de Bernini me dejó sin aire.

De Roma nos mudamos a Florencia, y aquí tuvimos un tour guiado por los Laboratorios de Restauración del Opificio delle Pietre Dure (OPD) y nos dejaron ver un Leonardo, un Beato Angelico y un Vassari que están ahí expuestos y en proceso de Restauro (cerquitita, al alcance de la mano, ¡ah!), nos dejaron ver la forma en la que trabajan el Comesso in Pietre Dure que es una de las cosas más increíblemente hermosas que he visto; se entró a varios museos, fuimos a un par de villas de los Medici; y después nos trasladamos a Milán que tuvo el momento “ok vida, te pasaste y me sacaste las de san Pedro”: nos dejaron subir al techo de la Catedral de Milán, a sesenta metros del suelo, con los pináculos y susesculturas marmóreas frías al tacto, el atardecer comenzando a pintar el cielo de rojos, la ciudad completa a nuestros pies…, una ensoñación y una experiencia única que me hizo pensar “algo debo haber hecho bien para que yo una muchachita salida de Chiapas esté ahora mirando al mundo desde lo alto de uno de los edificios más emblemáticos de Italia”; sí chillé de emoción, alegría y nostalgia y más emoción.

Bologna sin grandes sorpresas. Ravenna con los bellísimos mosaicos de San Vitale y Gala Placidia. Y luego “casa nostra” en Santo Stefano en Sessanio, un pueblito perdido en la montaña con el aire frío y limpio, un cielo estrellado por las noches y el espectáculo de la niebla compacta cubriendo una llanura bajo nosotros, bello de verdad. L’Aquila destruida e intentando levantarse poco a poquito y ya de vuelta a Roma y Florencia para empezar de nuevo.

Los paisajes italianos son maravillosos, la comida (aunque estuvo algo contenida) fue buena, el vino nunca nos hizo falta, los postres exquisitos, las sorpresas una después de la otra y siempre más maravillosas; pero lo mejor fue la compañía.

Al lado mío tuve a veinte cubanos que a pesar de las circunstancias y el cansancio sonreían todos los días, veían con ojos de niño chiquito el mundo que se presentaba ante ellos, y disfrutaban cada segundo del día con un corazón rebosante de alegría. Además de ellos tuve al menos a dos italianos (mamá gallina y el grillito) con quienes todos los días intercambiábamos al menos diez llamadas telefónicas y muchos mensajes para asegurar que la estancia de nuestros pollitos fuera lo más cómoda posible.

Tuvimos nuestras experiencias que por desagradables o incontrolables se volvieron después motivo de bromas y más risas. Como el “autista autístico”, que aunque era muy bueno manejando el bus, era re bruto para ubicarse (aún teniendo un navegador GPS), era malísimo con los tiempos y además le tenías que sacar las palabras a cucharadas. O la cena para ocho que confirmamos dos veces, que aparentemente estaba lista y que cuando llegamos, el restaurant no sabía cómo atendernos porque no se les había informado nada. O las carreras para asegurarnos que los choferes llegaran a tiempo por los grupos para llevarlos a los aeropuertos…, en fin, fueron miles de cosas.

Y ahora, mientras escribo esto en la tranquilidad de mi casa, debo decir que comienzo a añorar la vitalidad de veinte extraños que en un mes se robaron un pedazo enorme de mi corazón; extraño el ajetreo, los miles de mensajes, los mails y las llamadas que hacían que mi día fuera movido y frenético. No extraño tener que lidiar con los choferes o los meseros impertinentes que se creen que por ser latino tienes menos control del que en realidad se te ha conferido. Lo que sí me hace falta es ese grupo de gente que bromeaba y encontraba siempre la forma de hacerme soltar al menos una carcajada y una palabrota al día.

La experiencia se terminó, no el 28 de noviembre del 2015 después de bajarme del tren que me sacó de Milán; sino el 29 cuando alrededor de las diez de la mañana recibí una llamada para confirmarme que los pollitos estaban en la sala de espera del aeropuerto (sanos y salvos) esperando el avión que los llevaría de regreso a casa.

A mis veinte cubanos, gracias por ser las bellas personas que son, espero pronto poder reencontrarlos. A las agencias que me contrataron, gracias por regalarme la experiencia más genial del año (aunque la trabajé así que no se hagan guajes y páguenme). Y a la vida, el destino, Dios y quien quiera que me haya cuidado y ayudado a que esto se hiciera realidad, gracias por darme una razón para sonreír y permitirme confirmar que todos los sacrificios que he hecho para estar en donde estoy ahora han valido la pena.

Gracias, mil veces gracias. 

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