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miércoles, 25 de julio de 2018

El invierno del soldado.


Esta es una pequeña historia (one shot) que se me ocurrió, una noche en que soñé unas botas de soldado hundidas en la nieve. Espero la disfruten. 
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El invierno ha llegado y con él, los paisajes llenos de nieve que otrora fueran motivo de algunas de mis más grandes alegrías… otrora.
La cabaña escondida en la foresta de los Aldray en Escocia, me presenta ahora una de las más hermosas postales que he visto en muchos años. Con sus recios y amables muros de madera abrazados en todos sus flancos por una suave capa de nieve; su tejado terracota cubierto de blanco y el hilo de humo que sale de la chimenea, ondeante, cálido, feliz.
Una pequeña cabaña rodeada de inmensos y antiguos abedules de troncos negros, doblados por el peso de la nevada que lo cubre todo bajo su gélido manto. Pero, aunque la vida me había negado la fortuna de ver algo así de sublime en un largo tiempo, mi mirada se desvía constantemente de aquel soñado paraíso, al frío y desgastado cuero negro de mis botas de soldado.
Mis recuerdos de una infancia inocente y feliz se vuelven borrosos cuando veo el punto en el que mi uniforme se une a mi calzado y, se tornan trágicos en el punto justo en el que el cuero se hunde en la nieve.
La Guerra tiene el poder de hacer eso. Puede, en unas cuantas horas, hacer pedazos la magia. Y yo, un iluso muchacho que en algún momento se creyó hecho con polvo de estrellas, fui parte de ella por muchos meses, muchísimos más de los que habría deseado. Muchísimos más de los que mi alma y mi infantil inocencia podían soportar.
Mi cuerpo aun tiene las marcas para probarlo. Tengo cicatrices pequeñitas, del tamaño de una moneda de un centavo, que dejaron las balas al entrar o salir de mi abdomen, pecho y brazos. Tengo marcas mucho más grandes, fruto de las cirugías a las que tuvieron que someterme para salvar mis órganos y mi vida. Mis pulmones llevan marcas que no veo pero que siento a cada respiro porque casi colapsaron cuando el timón de mi avioneta se estampó contra mi pecho. Las esquirlas generadas al momento del choque llenaron de astillas metálicas casi todo mi cuerpo. Pero tengo también heridas que nunca podrán sanar. Las heridas que llevo en la mente, en el corazón y en el alma. Y para mi mala fortuna, las cicatrices físicas y mis dolores crónicos, son un constante recuerdo de la tragedia que viví y sigo viviendo día a día.
Luché por un ideal. Luché para garantizar la paz y la felicidad de mis seres queridos, pero… la violencia solo genera violencia. Y eso es algo que debí haber sabido antes de ponerme el uniforme.
Durante aquellos meses vi despertar en mí un tipo de instinto que había estado siempre dormido: el de supervivencia. Y para garantizar la paz y felicidad de los míos me vi obligado a sumir en la desgracia y el desasosiego a otros. Tuve que terminar con la vida de hombres que luchaban en mi contra, siguiendo un ideal similar al mío, para poder garantizar mi propia existencia.
Debí…, debí…
Cuando mi avioneta caía y mi vida se escapaba a borbotones de mi cuerpo, cubrí con una mano el orificio que había dejado aquel hirviente aguijonazo, pero al ver el líquido rojo que fluía entre mis dedos, fui finalmente consciente de la más pura de las realidades: mi uniforme estaba cubierto de mi sangre, pero en mis manos llevaba también la sangre de otros tantos. Supongo que fue en ese momento cuando mi temple se rompió, cuando, mientras caía en picada y el cielo se cubría de los colores del atardecer, mi mente finalmente asimiló una terrible idea: cada vida que tomé, significó una fractura en mi alma, y mi propio sacrificio fue el que finalmente la hizo pedazos.
La felicidad que sentía al surcar el cielo, se volvió entonces mi más grande tormento y, como en su momento lo hiciera el joven Ícaro, me entregué a la caída con algo muy similar a la paz, porque sabía que mi tiempo había llegado, que sería alguien más quien juzgara mis actos y me concediera el descanso.
Pero supongo que aún no merecía ese consuelo. Abrí los ojos de nuevo en una casita de campo en Francia. Fingí no saber quién era por temor y luego por conveniencia, y cuando finalmente estuve recuperado salí a encontrarme con mi pasado.
Mi familia me dio por muerto. Mis amigos lloraron mi pérdida. Mi adorada Paty sufrió por culpa de mis infantiles ideales. Pero, aunque les dolía mi ausencia, me recordaban como el muchacho alegre que alguna vez fui, y permití que siguieran haciéndolo.
Hay momentos en los que me concedo la oportunidad de verlos, desde la distancia, cuando la añoranza me supera. Pero no puedo permitirme volver a ellos. Ya han sufrido suficiente por mi causa, ya han hecho las paces con mi muerte. Han aprendido a vivir sin mí. 
Quizá mi decisión pueda parecer cobarde, pero lo hago para protegerlos. Mis botas están ajadas, mi uniforme roído, pero solo cuando los porto me atrevo a acercarme un poco a ellos. A ver desde las sombras pequeños reflejos de sus sonrisas, y a recordar después ese punto en el que el cuero negro se hunde en la nieve y mis recuerdos de infancia se pierden en mi tormento.
El invierno ha llegado y con él la gélida caricia de la nieve. Mi cuerpo aún está vivo, pero mi alma, como yo para mis seres queridos, murió hace ya mucho tiempo.
Sus risas en la lejanía son el único regalo que me llevo.
Veo por última vez la cabaña sumida en el abrazo de la nieve, sonrío ante un fugaz recuerdo y sabiéndolos felices me alejo voluntariamente de ellos. 

jueves, 12 de julio de 2018

All this I did without you. Gerard Durrel (Traducida al Español)

Ok, creo que con esta carta comenzaré un espacio nuevo en el blog (que tiene siglos sin actualizar): Traducciones. 

Creo que, quienes me conocen, sabrán que adoro la poesía y disfruto muchísimo la literatura epistolar. Ahora, esta carta me la encontré uno de esos días en los que te pones a perder el tiempo en youtube, y mientras escuchaba a "British men reading" (yup I'm a sucker for voces graves, con acento inglés leyendo), de un poema de Keats leído por Benedryl Cabbagepatch (ya saben a quién me refiero), fui a  Mr. Darcy (Matthew Macfadyen) leyendo "Orgullo y Prejuicio"; luego a Mr. Thornton Oakenshield (Richard Armitage) con un poema de Elizabeth Barrett Browning; y así hasta que, de pronto, en mi monitor apareció Loki (Tom [chikito-bebé-apachurro-merezco] Hiddleston) leyendo una carta de esas (quita-calzón) maravillosas. Corrí a buscar el libro que compila una serie de cartas de personajes importantes, lo compré y cuando lo tuve en mis manos, me di cuenta que había comprado el volumen 1 "Letters of Note: An Eclectic Collection of Correspondence Deserving of a Wider Audience", que aunque tiene joyas, no era el que quería y el segundo volumen "More Letters of Note: Correspondence Deserving of a Wider Audience", donde se supone que está la joya que estoy buscando, está increíblemente caro. 

Así que nada, he visto el video miles de veces y he escuchado y leído la carta en muchísimas ocasiones, y pus se me ocurrió dejarla aquí, pero traducida para que el público hispanohablante la disfrute también. 

El video de Tom leyendo lo dejo para que lo disfruten, el enlace de la página donde encontré la carta en inglés lo dejo aquí y después la carta traducida. Enjoy. 



Gerard Durrel, un respetado conservador escribió esta carta de amor a su futura esposa: Lee McGeorge, (que en aquel entonces era una de sus estudiantes en la Universidad Duke).

Todo esto lo hice sin ti. 
Carta No. 28


31 de Julio de 1978

Mi querida McGeorge, 

Alguna vez me dijiste que las cosas parecen mucho más claras cuando se escriben. Bien, en la presente y muy aburrida carta, intento escribir todo para que puedas leer y re-leer hasta el cansancio la locura que has cometido al decidir tener una relación conmigo. Inhala profundo. 

Para comenzar, te amo, con una profundidad y pasión que nunca había sentido por nadie en esta vida, y si esto te sorprende, me sorprende a mí también. No, me apresuro a decir, porque no merezcas ser amada. Todo lo contrario. Es, simplemente que, primero, juré que no volvería a relacionarme con otra mujer. Segundo, nunca antes sentí algo así antes y es casi aterrador. Tercero, nunca habría creído posible que otro ser humano pudiera ocupar mis pensamientos estando despierto (y dormido) al grado de excluir casi todos los demás. Cuarto, nunca pensé que —aún cuando se esté enamorado— uno podría sentirse completamente embriagado por alguien más, tanto, que cada minuto lejos de esa persona podría sentirse como mil años. Quinto, nunca esperé, deseé, soñé que uno pudiera encontrar todo lo que quería en una persona. No era tan estúpido como para creer que eso fuera posible. Aún así, en ti encontré todo lo que quiero: eres hermosa, alegre, generosa, gentil, estúpida y deliciosamente femenina, sexy, increíblemente inteligente e increíblemente absurda también. No quiero nada más en esta vida que estar contigo, escucharte y verte (tu bella voz, tu belleza), discutir contigo, reír contigo, mostrarte cosas y compartir cosas contigo, explorar tu magnífica mente, explorar tu maravilloso cuerpo, ayudarte, protegerte, servirte, e incluso, darte coscorrones cuando crea que estás equivocada... no quisiera ser presumido pero, considero que soy el único hombre, fuera de la mitología, que ha encontrado la olla con oro al final del arcoíris. 

Pero —habiendo dicho todo esto—, vamos a considerar las cosas en detalle. No dejes que esto se vuelva público pero... bien, tengo uno o dos defectos. Pequeños, debo decir. Por ejemplo, tiendo a ser autoritario. Lo hago por el mejor de los motivos (todos los tiranos dicen eso), pero sí tiendo (sin pensarlo) a colocarme sobre los demás. Debes decirme cuando me porte así contigo, mi amor, porque eso puede ser muy malo para un matrimonio. 

Bien. Segunda imperfección. Esta, en realidad, no es tanto una imperfección de carácter sino más de circunstancia. Querida, quiero que seas tú en todo tu derecho, y haré todo lo que pueda para ayudarte a serlo. Pero debes tomar en consideración que yo también soy yo en todo mi derecho y en esto te llevo ventaja... lo que quiero decir es que no debes sentirte ofendida si eres, en ocasiones, tratada simplemente como mi esposa. Pero recuerda siempre que el que no arriesga no gana. Soy una "criatura" establecida en el mundo, y por ello —en ocasiones—, tendrás que vivir bajo mi sombra. Nada me da menos placer que esto, pero es un hecho de la vida que tendremos que enfrentar. 

Tercera (y muy importante y horrible) imperfección: celos. No creo que sepas lo que son los celos (gracias a Dios), en el sentido real de la palabra. Sé que has sentido celos de la esposa e hijos de Lincoln, pero a esos yo los llamo celos normales, y esto —a mi pesar—, no es lo que tengo. Lo que yo tengo es un monstruo oscuro que puede pervertir mi buen juicio, mi buen humor y cualquier bondad que tenga en mi ser. Es, en verdad, una situación tipo Jekyll y Hyde... mi Hyde es más fuerte que mi buen juicio y logra derrotarme, sin importar lo mucho que intente combatirlo. Como te he dicho, siempre he sabido que esto se esconde dentro de mí, pero no he podido controlarlo, mi monstruo dormía sin nada que pudiera despertarlo. Entonces te conocí y sentí a mi monstruo removerse y despertar a medias cuando me contaste de Lincoln y otros hombres a los que has conocido y, con tu carta, mi monstruo salió de su letargo, negro, irracional, intolerante, estúpido, malvado, cruel. Nunca sabrás lo terriblemente corrosivos que son los celos; generan un dolor físico, como si hubieses tragado ácido o carbón ardiente. Es el más terrible de los sentimientos. Pero no puedes hacer nada para vencerlos —al menos yo no puedo, y Dios sabe que lo he intentado. No quiero a ninguno de tus ex-novios sentado en la iglesia cuando me case contigo. El día de nuestro matrimonio, lo único que quiero es felicidad, para ti y para mí, y sé que no podré ser feliz si hay una iglesia llena de tus ex-conquistas. Cuando te despose no tendré pasado, solo futuro: no quiero arrastrar mi pasado en nuestro futuro y no quiero que lo hagas tú tampoco. Recuerda, soy celoso de ti porque te amo. Uno nunca siente celos de algo a lo que no quiere. OK, basta de celos. 

Ahora déjame decirte algo... he visto miles de ocasos y albas donde los bosques y montañas se inundan con luz del color de la miel; en el mar, donde el sol sale y se oculta como una naranja sangrienta en un nido de nubes multicolor, deslizándose dentro y fuera del vasto océano. He visto miles de lunas: lunas llenas como monedas de oro; lunas de invierno tan blancas como trozos de hielo; lunas nuevas como plumas de cisnes bebé. 

He visto mares tan tranquilos como si fuesen pintados, coloridos como seda o azules como un martín pescador, o transparentes como el cristal o negros y llenos de espuma, moviéndose pesada y peligrosamente. 

He sentido vientos venidos del Polo Sur, sombríos y lúgubres como un niño perdido; vientos tan tiernos y cálidos como el aliento de un ser amado; vientos que cargan el aroma astringente de la sal y algas muertas; vientos que llevan el húmedo aroma del suelo del bosque, el olor de un millón de flores. Vientos feroces que batieron y movieron al mar como levadura, o vientos que hicieron que las aguas lamieran la costa como gatitos. 

He conocido el silencio: el frío, terrenal silencio al fondo de un pozo recién cavado; el implacable y rocoso silencio de una caverna profunda; el ardiente y narcotizado silencio de medio día, cuando todo ha sido hipnotizado y tranquilizado por el ojo del sol; el silencio cuando la buena música termina. 

He escuchado el llanto de cigarras de verano, cuyo sonido se clava en tus huesos. He escuchado ranas arbóreas en una orquesta tan complicada como Bach, cantando en un bosque iluminado por millones de luciérnagas esmeralda. He escuchado el llamado de las Keas sobre glaciares grises, gimiendo a sí mismas como ancianos mientras se dirigen hacia el mar. He escuchado el grito ronco de apareamiento de las focas peleteras mientras cantan a sus elegantes novias doradas; el agudo staccato de advertencia de la serpiente de cascabel, el chillido telaraña de los murciélagos y el duro rugido del ciervo rojo metido hasta las rodillas en brezo púrpura. He escuchado a los lobos aullar a la luna de invierno, monos aulladores rojos, haciendo vibrar el bosque con sus rugientes gritos. He escuchado el chillido, ronroneo y gruñido de cientos de multicolores peces de arrecife. 

He visto colibrís volando como rayos de ópalo alrededor de árboles de retoños escarlata, tarareando su canto. He visto peces voladores, deslizándose como mercurio sobre las olas azules, dibujando líneas de plata en la superficie con sus colas. He visto plateínos (espátulas) volar a casa para anidar como una pancarta escarlata a través del firmamento. He visto ballenas, negras como el alquitrán, acojinadas en un mar azul aciano, creando un Versailles con las fuentes que salen de su aliento. He visto mariposas emerger y esperar, temblorosas, mientras el sol suaviza sus alas. He visto tigres, como flamas, apareándose en la hierba ata. He sido bombardeado por un cuervo enojado, negro y brillante como el casco del diablo. He descansado en aguas cálidas como leche, suaves como seda, mientras alrededor de mí jugaba un grupo de delfines. He conocido miles de animales y visto miles de cosas maravillosas... pero...

Todo esto lo hice sin ti. Esa fue mi pérdida. 

Todo esto lo quiero hacer contigo. Esa será mi victoria. 

A todo esto habría renunciado con gusto por disfrutar un minuto de tu compañía, por tu risa, tu voz, tus ojos, cabello, labios, cuerpo, y sobre todo, por tu dulce, siempre sorprendente mente que es una encantadora cantera en la que es mi privilegio ahondar. 


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